Kenji Kawai - Voyage to Avalon
Vuelve a estar consciente. No sabe cuánto tiempo lleva allí postrado. Tampoco puede observar la posición del sol para hacer una estimación. El hongo nuclear aún sigue ahí, aunque ahora se ha transformado en una espesa niebla de ceniza, asfixiante calor y mortal radiación.
Comprueba su armadura. Está destrozada. Su fin se acerca.
No podía establecer comunicación alguna con la base y los mecanismos de apoyo motriz estaban demasiado dañados como para poder incorporarse. El pulso electromagnético había impedido la labor de reconstrucción de los nanobots hasta hace un instante. Posiblemente, el zumbido de la maquinaria reactivándose le había devuelto a la cruda realidad.
Empezó a toser incontroladamente y advirtió con la lengua el goteo constante de la sangre emanando de sus encías. Giró la cabeza hacia un lado y comprobó que, más haya de su brazo, una flor ennegrecida por el calor y practicamente marchita era mecida por el envenenado viento. Presenciaba el triste acto final de la historia de la humanidad sobre el escenario de su planeta natal. No podía imaginar cuántos planetas padecerían aquel atroz desenlace a manos de su especie. Por un par de décadas se habrían salvado, pero la tecnología siempre ha sabido adelantarse, sobrevivir, al monstruo que le ha dado sus más brillantes frutos: la guerra.
Recuerda por qué estaba en uno de los bandos, y ahora la razón le parece tan vacía, tan estúpida, que las lágrimas huyen de su cuerpo, asqueadas.
Su exoesqueleto robótico le informa: la función motriz ha sido restaurada. Ahora no quiere levantarse. Escucha el golpe de las olas contra la playa. Antes no podía percibirlas. También escucha la marcha del enemigo, hundiendo sus pesados pies mecánicos en la arena. Eso le hizo recordar cuánto tiempo llevaba sin sentir el masaje cálido de sus diminutos granos correteando entre los dedos de sus pies.
La máquina libera del casco protector a su dueño aunque emite la señal de alerta que le recomienda no hacerlo. Si bien ya no era agradable respirar el aire sin mediación de cientos de microfiltros, quería hacerlo una última vez. Ver también con sus propios ojos la horrorosa obra en la que había participado.
La marcha de bestias mecánicas se aleja lentamente, aunque un par de pasos se acercan hacia él. Mira con desgana la máscara inerte tras la que un complicado cerebro electrónico evalúa las condiciones de su oponente.
- ¿Todavía hay algo en el planeta que se pueda destruir? - Le pregunta secamente. Sabe que está hablando con un ser humano, a pesar de que su cuerpo no tenga más que unos cuantos milímetros de tejido orgánico.
- Puede que haya quedado en pie alguna estructura de escasa importancia en vuestras posiciones. Pero creo que eres el único superviviente del Clan sobre la faz de la Tierra.
- ¿Perseguiréis a los que hayan escapado por las Puertas Galácticas, verdad?
- No permitiremos un contraataque; y vengaremos la destrucción de nuestra nación.
Vuelve a toser con fuerza, sin posibilidad de evitar que sus pulmones quieran explotar. La máquina espera. No hay compasión alguna en su cuerpo artificial, pero tampoco la había en su cuerpo original. El último superviviente del Clan, tiene una última pregunta que hacerle a su frío adversario.
- ¿Recuerdas por qué comenzamos a destruirnos?
No hay ninguna reacción física notable en el guerrero enemigo. Sabe que está meditando la respuesta, pero jamás sabrá si hubo lugar para el desconcierto en aquel engendro mecánico.
- Ya no importa.
Extiende su brazo reconvertido en un cañón láser y apunta al caido en la cabeza. La muerte es instantánea y sólo queda el silencio. De todas formas, el mecanismo de autodestrucción del exoesqueleto ya había sido activado.
Otro hongo nuclear adornaría grotescamente el horizonte visto desde cualquier otro lugar del planeta. Aunque ya no quedaba nadie que pudiera lamentarlo.
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El texto está inspirado en esa obra de arte perteneciente a la banda sonora de "Avalon" (disco absolutamente genial casi en su totalidad) y en el mejor juego de estrategia que un servidor haya tenido en sus manos: Total Annihilation.
El texto está inspirado en esa obra de arte perteneciente a la banda sonora de "Avalon" (disco absolutamente genial casi en su totalidad) y en el mejor juego de estrategia que un servidor haya tenido en sus manos: Total Annihilation.

